Las situaciones de crisis sirven de laboratorio a los traficantes de personas

Date Publish: 
07/30/15
Location: 
Switzerland
Position: 
Director General, The International Organization for Migration

Cuando los desastres ocurren, la comunidad humanitaria responde con la mayor celeridad. Movilizamos recursos, activamos mecanismos de respuesta, enviamos médicos, equipos de investigación y de rescate, expertos en logística, asesores, ingenieros, equipamiento, lonas para construir refugios, alimentos, medicinas y agua. Todo el engranaje de las operaciones de emergencia se pone en marcha para llevar la ayuda a las zonas de conflicto y las zonas afectadas por desastres naturales o provocados por el hombre.

Sabemos que encontraremos necesidades apremiantes, y que podemos encontrar personas heridas, escasez de alimentos, o enfermedades que se transmiten por el agua.

Sabemos que habrá personas desplazadas y que las mujeres, los ancianos, las personas discapacitadas, los niños pequeños y los migrantes irregulares serán los más afectados.

Además, si bien siempre lo hemos sospechado, ahora lo sabemos con certeza: la trata no sólo se acrecienta durante los desastres, sino que es un resultado directo de los mismos, en la misma medida en que lo son los daños en las infraestructuras, la pérdida de vidas y la escasez de alimentos, fenómenos que atraen mayor atención.

Un nuevo estudio de la OIM titulado “Addressing Human Trafficking and Exploitation in Times of Crisis” (Combatir la trata y la explotación en tiempos de crisis) defiende enérgicamente que adoptar medidas de protección contra la trata y la explotación ayuda a salvar vidas, y se debe promover al mismo nivel que las intervenciones de socorro “tradicionales”.

En su elaboración se analizaron los conflictos armados de Libia, el Iraq, Siria y toda África Occidental; los terremotos en la región del Océano Índico, Haití y Nepal; el tifón Haiyan en Filipinas; y la inestabilidad prolongada en África Oriental que impulsa la migración a través del Norte de África y hacia Europa.

En las tres categorías de desastres, la falta de normalidad permitió a los traficantes explotar las vulnerabilidades existentes y las provocadas por las crisis. En situaciones de conflicto, la ausencia del estado de derecho genera un contexto de impunidad, en el que se trafica con personas para financiar la guerra, prestar servicios sexuales, y reforzar la esclavitud de las minorías étnicas. Esto ocurre especialmente en Libia y en todo el Levante, donde los trabajadores migrantes afrontan condiciones de trabajo cada vez más hostiles y abusivas. Asimismo, el persistente conflicto en Siria ha obligado a muchas personas y familias a adoptar mecanismos de adaptación peligrosos, tales como los matrimonios forzosos a edad temprana y el trabajo infantil, que a menudo conllevan la explotación y la trata.

El caos que traen consigo las catástrofes naturales de gran envergadura tales como las acaecidas en Nepal, Filipinas, Haití y los países afectados por el tsunami en la región del Océano Índico propicia el laboratorio perfecto para la trata, puesto que los traficantes experimentan con nuevas formas de explotar a las personas vulnerables. Además, los traficantes pueden encontrar rápidamente a los migrantes irregulares en los peligrosos y remotos corredores migratorios del Norte de África y engañarlos para convertirlos en esclavos.

Se estima que hasta 800.000 personas al año son objeto de trata a través de las fronteras, un negocio que reporta miles de millones de dórales EE. UU. de beneficios a los grupos delincuentes. Sin embargo, sólo se identifica a 45.000 víctimas cada año. La OIM presta asistencia a uno de cada siete casos, y ayuda  a las víctimas a recuperar sus vidas tras haber sufrido atroces abusos y malos tratos durante años. Las esclavas sexuales son obligadas a servir a hasta 10 hombres por noche, y ello les provoca grandes secuelas físicas y mentales.

Recientemente se ayudó a unos 600 hombres a escapar de buques de pesca tailandeses en los mares de Indonesia que no había pisado tierra firme desde hacía años –uno de los casos había sido separado de su familia y no había tenido contacto con ellos en 22 años. Estas víctimas necesitan comprensión y ayuda, a menudo de largo plazo, tanto en momentos de estabilidad como en momentos de crisis.

Queremos observar cambios en la forma en la que la comunidad internacional y sus asociados –en el ámbito humanitario, militar y de la sociedad civil– luchan contra la trata y la explotación durante las situaciones de crisis. Las respuestas humanitarias deben tener en consideración los vínculos existentes entre la vulnerabilidad de las poblaciones móviles y las prácticas de explotación preexistentes a las crisis.

Una de las esferas más importantes es simplemente la sensibilización. A este efecto, el Comité Permanente entre Organismos para las actividades humanitarias debe fortalecer las respuestas de la comunidad humanitaria y emitir directrices operativas para la puesta en marcha de operaciones de prevención y protección contra la trata antes, durante y después de las crisis. 

Celebramos el trabajo de la Sra.  Maria Grazia Giammarinaro, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la trata de personas, especialmente mujeres y niños, pues su oficina continúa sensibilizando sobre el tema, informando de los hallazgos a instancias superiores, y prestando apoyo técnico a la comunidad humanitaria y a las autoridades de los países afectados.

Existen muchas más soluciones y medidas que cabe adoptar antes, durante y después de las crisis; pero primero todos debemos comprender que las condiciones que facilitan la trata no se dan de la noche a la mañana sino que forman parte de la estructura social que construimos. Cuando la estructura está rota, los traficantes avanzan.

El Embajador William Lacy Swing es el Director General de la Organización Internacional para las Migraciones