Un kahriz a la vez: solución sostenible frente al problema del agua en Azerbaiyán

Date Publish: 
11/11/09
Region-Country: 
Azerbaiyán / Europe es

El agua es vida. Proporciona prosperidad, salud y felicidad. 
Pero en Azerbaiyán, como en muchas otras partes del mundo,
este recurso escasea.  La tierra de este país de Asia
central es una de las más áridas de todo el
mundo.  El agua de los ríos Kur y Araz y de los
embalses no son suficientes para abastecer a toda la
población.  No obstante, Azerbaiyán cuenta con
unas importantes reservas de agua subterráneas de gran
calidad que, durante décadas, han sido sobreexplotadas sin
tener en cuenta la sostenibilidad de este recurso
hídrico.  Durante toda la década pasada, la OIM
ha trabajado junto a sus socios locales para mejorar la
gestión de dicho recurso esencial para la
estabilización de la población.

"El kahriz es el más preciado regalo por nuestros abuelos
legado,

sus aguas frescas y límpidas a todos hacen felices

Sus rayos plateados sacian nuestra ardiente sed,

Riegan nuestros campos y huertos,

Y le dan vida al desierto."

Hassan Ali Nikbin, junto a su mujer Melek, está sentado
en su exuberante jardín, a la sombra de un viejo
manzano.  Se conocieron en 1970, año en que el
talentoso y joven poeta presentó parte de su obra a una
editorial cercana, donde conoció a una joven y atractiva
mecanógrafa.  "Antes de enamorarme de él, me
enamoré de sus poemas," sonríe Melek.

Su marido, hijo de un agrónomo que trabajaba en un
kolkhoz o granja colectiva soviética, ensordeció por
completo en 1969 a consecuencia de una infección tratada
inadecuadamente.  "A pesar de tener la mala suerte de ser
sordo, gracias a la poesía he podido expresar mi amor a la
vida y a la naturaleza," explica Hassan Ali.  "Más
adelante, se convirtió igualmente en el medio de alimentar a
mi familia."

Los hijos de la pareja, dos hembras y un varón,
abandonaron su pueblo natal de Turkesh, en la República
Autónoma de Nakhchivan (RAN), y fueron a Baku, capital de
Azerbaiyán, en busca de trabajo.  Hassan Ali y Melek se
sienten afortunados ya que muchos otros jóvenes, huyendo de
la pobreza y el desempleo en la RAN, migraron a sitios más
lejanos, como Turquía y Rusia.

"Se fueron por culpa de la sequía –era imposible
trabajar en la agricultura," explica Hassan Ali. "No obstante,
existe agua en las montañas; agua que nuestros antepasados
gestionaron durante cientos de años mediante el sistema de
kahrizes hasta que, en nombre del progreso, los ingenieros
soviéticos decidieron perforar pozos en la profundidad de la
tierra.  Año tras año, la capa freática
fue retrocediendo y los kahrizes secándose".

Por el contrario, hoy día gracias a la
restauración de este ingenioso y sostenible sistema de agua
subterránea, que necesita poco mantenimiento, se dispone de
suficiente agua potable y de riego para unas 80 familias que viven
y trabajan en Turkesh.

El kahriz fue creado por primera vez hace aproximadamente 3.000
años por la antigua civilización iraní para
extraer el agua subterránea mediante un sencillo mecanismo
basado en la gravedad.  Durante siglos los kahrizes de esta
región han proporcionado agua de manera constante durante
todo el año, sirviéndose de una red de pozos y
túneles interconectados que recogen el agua procedente de
las montañas.

Los túneles, que pueden tener una extensión
kilométrica, suelen medir 1,2 metros de alto y 60 cm de
ancho, lo suficiente como para permitir que las personas encargadas
de su mantenimiento puedan entrar.  En las zonas de suelo
blando, los kahrizes embovedados son reforzados con muros de
piedra.

Gracias a la financiación del Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD), la OIM emprendió hace diez
años un ambicioso programa de restauración de
kahrizes con el fin de abastecer de manera sostenible a los pueblos
de las zonas aisladas de Nakhchivan con agua potable y de
riego.

Turkesh fue el primer pueblo que solicitó la ayuda de la
OIM para llevar a cabo la reparación de dos kahrizes
abandonados y en ruinas que, en otros tiempos, habían
proporcionado agua a la población.  Los ancianos del
lugar propusieron a Kankan Yunis como el mejor candidato para
explicar la manera de llevar a cabo dicha reparación.

Nacido en 1937 y de nombre real Yunis Ibrahimov, Kankan Yunis,
heredero de técnicas de construcción y mantenimiento
de kahrizes, resultó ser uno de los últimos
ingenieros hidráulicos tradicionales ("kankans") aun en
vida.

"Cuando la OIM vino a visitarme les dije que podía
empezar la mañana siguiente, incluso de manera gratuita,"
afirma Kankan Yunis.  "A los 10 años empecé a
trabajar con mi padre, un respetable kankan que aprendió de
su padre."

En menos de un año, dos kahrizes completamente
restaurados bombeaban 17 litros de agua por segundo, lo suficiente
como para suplir las necesidades de la población local y
abastecer de agua de riego 24 hectáreas de tierra.

El proyecto, que por aquel entonces contaba con la
financiación de la Unión Europea (UE), del Organismo
Canadiense de Desarrollo Internacional (CIDA, por sus siglas en
inglés) y de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la
Cooperación (COSUDE), permitió igualmente formar a
una nueva generación de kankanes, incluidos los dos hijos de
Yuni –Javanshir y Jumshud.

El rol tradicional de los kankanes está bien
definido.  El jefe o kankan bash depende del kankan charkhchi
para poner en funcionamiento el torno que le baja al pozo y trabaja
junto al kankan laghimbar, persona encargada de excavar el
túnel, y al kankan dolkesh, encargado de sacar a la
superficie la tierra excavada.

"Todos estos conocimientos se perdieron en la época
soviética cuando las autoridades tomaron la decisión
de perforar pozos subartesianos sistemáticamente y hacer
subir el agua a la superficie mediante el uso de bombas
eléctricas," explica Arzu Musayev, Coordinador
técnico nacional de la OIM en Nakhchivan.

Cuando Azerbaiyán se independizó de Rusia, en
1991, un gran número de las infraestructuras del país
se derrumbaron y la electricidad fue más irregular.  En
poco tiempo, los pozos subartesianos dejaron de bombear y los
pueblos se quedaron sin agua.

Durante los años siguientes, decenas de miles de personas
abandonaron estas localidades afectadas por la sequía y
migraron a otras ciudades o, incluso, al extranjero en busca de
trabajo.

"La restauración del sistema de abastecimiento de agua
fue fundamental para poner fin al éxodo," afirma Hajishaban
Imanov, de 78 años y natural de la antigua ciudad mercante
de Ordubad, famosa antaño en toda la región por la
tejeduría de alfombras y la producción de seda.

Sentado con dos amigos a la sombra de una morera, recuerda como
en otra época los aldeanos dependían de los kahrizes
para abastecerse de agua.

"Hussein Bey, un adinerado terrateniente y benefactor local,
construyó el kahriz de Toyenek, en la ciudad de Ordubad,
hace unos 200 años.  Era el orgullo de la ciudad aunque
en la era soviética fue reemplazado por pozos,"
recuerda.

"Las familias estaban obligadas a pagar 25 manats (US$ 30)
mensuales para cubrir los gastos de electricidad, precio que
aumentaba cuando era necesario cambiar una bomba," explica
Abdullayev Abdulla, presidente del Comité local de usuarios
del agua.  "El bombeo excesivo provocó igualmente que
los kahrizes se secaran y que algunas partes se desmoronasen."

En 2007, tanto él como otros miembros del Comité
de usuarios del agua pidieron a las autoridades de Baku que, con
ayuda de la OIM, llevasen a cabo el cierre de los pozos
subartesianos y la restauración de dos kahrizes en
ruinas.

"La restauración de los kahrizes ha sido todo un
éxito," afirma Imanov con convicción. "Las familias
hicieron un pago de 150 manats (US$ 186) para la renovación
y los costes de mantenimientos son de 2 manats (US$ 2,50)
mensuales.  A cambio, pueden contar con toda el agua que
necesiten."

Tal y como explica Vassily Yuzhanin, director de la oficina de
la OIM en Azerbaiyán, y según una evaluación
llevada a cabo en 2007 por la OIM y COSUDE, los kahrizes
proporcionan un agua de mejor calidad por menor precio.  "Los
kahrizes contribuyen igualmente a otorgar poderes a las mujeres,
principales beneficiarias, haciéndolas participes de todas
las etapas del proceso de la toma de decisiones,"
añade. 

Si obviamos las corrientes de aire caliente y seco provenientes
de las elevadas llanuras que se extienden a lo lejos hasta la falda
de las montañas del Cáucaso, Naftalan, con sus calles
llenas de pinos y edificios bien encalados, emana un aire casi
mediterráneo.

Presentada en 1968 como balneario para las personas afectadas
por reumatismos, enfermedades de la piel y desórdenes
neurológicos, Naftalan vivió un tiempo de gloria bajo
el gobierno soviético, contando con más de 70.000
visitas anuales de pacientes a sus instalaciones.

Para hacer frente a la enorme demanda de agua, las autoridades
decidieron hacer perforaciones de 90 metros y bombear agua dulce a
través de seis pozos subartesianos.  Vilayet Zamanov,
47 años, de constitución atlética y cabeza
rapada, trabajó como ingeniero para la
compañía de agua de la ciudad antes de presidir la
Comunidad de usuarios del agua de Naftalan.

"Aparte del hecho de que no se podía abastecer a los
balnearios con suficiente agua, el inconstante aprovisionamiento
deterioró las relaciones entre los habitantes locales y
miles de desplazados a causa del conflicto Nagorno Karabagh entre
1992 y 1993.  Un día, un grupo de personas
rompió la puerta principal de mi oficina a golpe de hacha,"
explica.

De pie en el lugar donde la OIM -gracias a la
financiación de la Oficina de Población, Refugiados y
Migración (PRM) del Departamento de Estado de los Estados
Unidos-  finaliza la renovación de un kahriz de 1.000
metros de longitud, Zamanov afirma que el suministro regular de
agua ha restaurado la paz y la armonía en la ciudad que, en
la actualidad, cuenta con una población de 15.000 personas,
entre las que se incluyen cerca de 2.000 desplazados internos y
3.500 soldados destinados en una base cercana.

"Gracias al kahriz la gente no tiene que pelearse por el
agua.  El kahriz abastece una cuenca de 12.000 metros
cúbicos que, muy pronto, será restaurada con ayuda de
la OIM para mejorar aun más la calidad del agua," explica
Zamanov.

Hasta la fecha, el programa de la OIM ha renovado 58 kahrizes,
abasteciendo con agua potable a unas 5.815 familias y a otras 4.500
con a agua de riego.  En estos momentos, unas 35 estructuras
están en proceso de renovación.

El consiguiente aumento de la productividad del sector
agropecuario de Nakhchivan ha resultado en la estabilización
de los desplazamientos de la población, la mejora de los
ingresos familiares y la creación de puestos de trabajo a
nivel local.  Alrededor de 170 jóvenes kankanes han
sido formados y otros muchos esperan serlo.

"Igualmente, hemos enviado a cinco kankanes dirigentes al centro
internacional de la UNESCO para los qanats y las obras
hidráulicas históricas en Yazd, Irán," explica
Lucie Dupertuis, Jefa de la oficina de la OIM en
Nakhchivan. 

"El conocimiento del que disponen contribuirá a la
restauración de los kahrizes y a la construcción de
otros nuevos.  Asimismo, se conservará esta capacidad
para garantizar la sostenibilidad del agua para las generaciones
futuras," añade.

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¿Sabía qué...?

Existen unos 1.450 kilómetros de canales
subterráneos en Azerbaiyán, lo suficientemente largo
como para unir Baku a Ankara, la capital de Turquía. Se
calcula que hace cien años alrededor de 1.500 kahrizes
atravesaban Azerbaiyán.

© IOM 2009 - MAZ0013 (Photo: Jean-Philippe Chauzy)