International Migrants Day

DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE 2018

Llamamiento en favor de la dignidad y el respeto de las decisiones de los migrantes.

 Por António Vitorino, Director General de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) 

 

La migración es el gran tema de nuestra época. El martes 18 de diciembre celebramos el Día Internacional del Migrante 2018 bajo el lema “Migración con dignidad” (#ConDignidad). 

La dignidad es un aspecto esencial de nuestra labor. Ofrecer un trato digno a todos los migrantes es un requisito primordial que hemos de anteponer a cualquier emprendimiento en el ámbito de la migración —ámbito que despierta preocupación en los tiempos que corren para la comunidad mundial— ya que nuestro futuro depende de ello pero también nuestro presente. 

Recientemente, fui elegido para dirigir la Organización Internacional para las Migraciones, uno de los organismos más antiguos y eficaces de la comunidad internacional. Ahora bien, la migración es tan antigua como la humanidad y la OIM, con apenas 67 años, puede considerarse una recién llegada. 

Hoy por hoy, nos caracterizamos por ser una especie en movimiento —cientos de millones de nosotros somos, en el sentido más amplio, migrantes. En este contexto, queda mucho por hacer y mucho que aprender. Pero cabe dar prioridad a la dignidad. Ante todo, la dignidad de elegir. 

La migración promueve la dignidad porque brinda a las personas la posibilidad de elegir, ya sea de ponerse a salvo, protegerse, educarse o liberarse. Es más, permite a millones de personas elegir la participación y no el aislamiento, la acción y no la inactividad, la esperanza y no el miedo y la prosperidad y no la pobreza. 

Debemos dignificar esas elecciones mediante el respeto. Y ese respeto se otorga al tratar con dignidad a quienes toman esas decisiones. 

Nosotros igualmente tenemos el poder de elegir. Podemos responder a las esperanzas de los migrantes con aceptación, y responder a sus ambiciones con oportunidades. Podemos acoger en lugar de rechazar su llegada.  

También debemos respetar y escuchar a quienes temen los cambios que conlleva la migración, ya que sus temores, justificados o no, son genuinos y merecen ser atendidos con dignidad.  

A menos que aseguremos a todos los ciudadanos que sus elecciones también se respetan, corremos el riesgo de perder una verdadera oportunidad de progreso. La migración consagra las decisiones que tomamos juntos, ya sea entablando relaciones comunitarias o no con nuestros nuevos vecinos (o nuevos vecinos potenciales).  

La adopción del Pacto Mundial para la Migración, el pasado 10 de diciembre en Marrakech, por una abrumadora mayoría de los Estados Miembros de las Naciones Unidas, constituye un paso hacia la dignidad para todos, hacia un discurso más equilibrado y hacia una cooperación más amplia en materia de migración. 

El Pacto Mundial para la Migración logra un delicado equilibrio entre la soberanía de las naciones y la seguridad y dignidad que exigimos para todos y cada uno. 

Con motivo de la conmemoración anual del Día Internacional del Migrante en las Naciones Unidas, cabe tener presente ese equilibrio y saber que ambas partes no se contrarrestan, más bien se complementan. 

El Pacto Mundial para la Migración hace hincapié en que todos los Estados necesitan una migración bien gestionada, y que ninguno puede lograr este objetivo por cuenta propia. La cooperación en todas las instancias es fundamental para abordar la migración. 

En el año 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 18 de diciembre el Día Internacional del Migrante. Ese mismo año, en el Informe sobre las Migraciones en el Mundo, la OIM afirmaba que más de 150 millones de migrantes internacionales habían celebrado el cambio de milenio fuera de sus países de nacimiento. 

Dieciocho años después, el número de hombres, mujeres, niños y niñas en movimiento no deja de aumentar. Dieciocho años después, la cantidad de migrantes internacionales asciende a prácticamente 258 millones de personas. Ahora, hay otros 40 millones de desplazados internos debido a conflictos, y cada año millones de personas (18,8 millones en 2017) se ven obligadas a abandonar sus hogares a raíz de desastres climáticos o naturales. 

Para muchas personas, el mero hecho de migrar las expone a grandes peligros. 

Los datos de la OIM muestran que, en 2018, cerca de 3.400 migrantes y refugiados perdieron la vida en distintas partes del mundo. La mayoría pereció tratando de llegar a Europa por mar; muchos otros murieron intentando cruzar desiertos o atravesar densos bosques en busca de seguridad, lejos de pasos fronterizos oficiales. Estas cifras, recopiladas diariamente por el personal de la OIM, nos avergüenzan. 

La OIM reitera una vez más que la migración impulsa el progreso y el desarrollo, no solo de quienes migran, sino también de los países de tránsito y, especialmente, de las comunidades receptoras en los países de destino. Al tiempo que renueva el llamamiento para que se salven vidas al garantizar una migración segura, regular y digna para todos. 

 

Sibal

Sibal nació en Siria y vive en Turquía desde 2014 en un apartamento de dos dormitorios junto a su madre refugiada, su abuela, y el resto de su amplia familia.  

El catalizador para su partida fue un único incidente. Cuando la familia se encontraba sentada en su jardín bebiendo té, una aeronave que volaba en círculos bombardeó Aleppo. La familia logró salir ilesa y huir, pero debieron organizarse funerales para el resto de las familias de la misma cuadra de ese rico vecindario.  

Como otros cientos de miles de conciudadanos desplazados, han luchado para poder mantener su dignidad y sobrevivir desde que lograron escapar de la guerra. La madre de Sibal es analfabeta y por ello prioriza la educación de sus dos jóvenes hijas.  

Además de ayudar a su hermana para que pueda tener acceso a cuidados médicos, la OIM le proporciona a la joven Sibal transporte seguro entre la escuela y el hogar.  

Than

Como muchos de sus compatriotas, Than se fue de la zona rural de Camboya a la búsqueda de un empleo mejor pago en otro lugar. Tras ser engañado por los tratantes, fue vendido para trabajar en condiciones de esclavitud moderna a bordo de barcos pesqueros de bandera extranjera y durante años padeció sufrimientos en alta mar, poniendo un pie en tierra firme en raras ocasiones, trabajando muy duramente, famélico y sin recibir ninguna retribución.  

La práctica de contar con tripulaciones forzadas a trabajar sigue siendo bastante común en la industria pesquera de todo el mundo. Cada año, miles de jóvenes de la zona sudeste de Asia buscan trabajo en el exterior para intentar liberarse del ciclo de pobreza en sus lugares de origen. Pero en lugar de lograr eso, terminan cayendo en situaciones similares en alta mar, en sitios de construcción y en fábricas.  

En marzo de 2015 por ejemplo, oficiales de Indonesia hicieron una redada en una estación de pesaje de una pescadería remota, interrumpiendo las operaciones de una gran flota y liberando a más de 1.500 pescadores que habían sido víctimas de trata y a quienes luego la OIM ayudó para que pudieran regresar a sus hogares.  

Es necesario invertir en actividades económicas de base comunitaria de la clase que la OIM normalmente brinda para asegurar que la pobreza, arraigada en sus comunidades de origen, no lleve a que hombres y mujeres vulnerables caigan nuevamente en manos de los tratantes,.  

Con un medio de subsistencia viable a su alcance, provisto por la actividad agrícola, y con la dignidad recuperada, Than tiene la mirada totalmente puesta en el futuro.  

*seudónimo 

Edhabo

Edhabo no ha visto su hogar desde 1991, año en el que se vio forzada a huir de la guerra que asoló a Mogadishu, en donde fue testigo de la muerte de muchas personas que fueron asesinadas y del masivo bombardeo de viviendas. 

Por un cuarto de siglo su familia se vio conmocionada por el conflicto, por el cual se separaron y dirigieron a diferentes destinos en la región. El viaje que emprendió Edhabo la llevó hasta Mombasa, en Kenya, 1300 km al sur del hogar donde pasó su infancia, y luego a un campamento de refugiados en Kakuma, que crece con mucha rapidez (población en 2018: 147.000). 

Finalmente, se instaló en Nairobi, en donde se sustentó gracias a un pequeño negocio de limpieza.  

A pesar de todos los desafíos que dejaron una marca en su vida, Edhabo eligió seguir siendo positiva. Cuando fue seleccionada para su reasentamiento en los Estados Unidos, la OIM estuvo presente para asistirla y para que su transición desde la capital de Kenya hasta el invierno rural de Wisconsin se diera en condiciones dignas. 

Cuando se le preguntó acerca de qué era lo que ella esperaba para la siguiente etapa de su vida, Edhabo dijo: no tener que depender de la ayuda de nadie, conseguir un empleo –tal vez en un centro comercial – y poder pagar sus impuestos. 

En el aeropuerto, su valija contenía elementos para soportar el crudo invierno además de las prendas que ella pensaba que podría llegar a necesitar en esta nueva etapa de su vida en otro lugar.  

Olivier

Olivier tenía tan solo 10 años cuando su padre lo amarró a su espalda con una soga y ambos huyeron de la violencia en Ruanda rumbo a la vecina República Democrática del Congo. 

Junto a dos hermanos y sus padres, vivieron en duras condiciones, trasladándose constantemente de un lugar a otro, sobreviviendo con la poca comida que podían conseguir, principalmente bananas y mandioca. Olivier recuerda los bosques, los campamentos itinerantes, la lluvia y el hambre.  

Algunos no lo lograron. Su padre, madre, y uno de sus hermanos murieron durante el conflicto. El único hermano que pudo sobrevivir desapareció: Olivier cree que sigue vivo en alguna parte del bosque pluvial.  

Años más tarde, la Cruz Roja ayudó a Olivier a retornar a su hogar en donde fue invitado a participar en capacitaciones de la OIM para emprender pequeños negocios. La OIM le brindó asistencia para poder volver a empezar. Se mudó con tres amigos, unieron esfuerzos y comenzaron con una modesta empresa de soldaduras en el distrito de Mundende. 

Olivier pudo recuperar la dignidad y brindar apoyo activo a su joven familia, creándose una vida para sí y alcanzando cierto grado de prosperidad. Es muy optimista respecto del futuro. 

 “Finalmente he podido independizarme,” afirma.  

Y en su corazón alberga la esperanza de que otros ruandeses, como su hermano desaparecido, puedan regresar a su hogar. 

SRI WINDARTI

En 2006, un devastador terremoto ocurrido en Java Central, un territorio de Indonesia cubierto de vegetación, dejó como saldo más de 5.700 personas fallecidas y docenas de aldeas quedaron reducidas a escombros.  

Esta zona es un núcleo agrícola en la isla más poblada de todo el planeta y es también una de las principales receptoras de dinero remitido por trabajadores que se encuentran en el exterior, siendo también conocida por sus negocios artesanales familiares, en particular la producción de tela de batik estampada o ilustrada manualmente. En un abrir y cerrar de ojos, miles de familias pasaron de contar con un precario mecanismo de afluencia a la pobreza absoluta mientras las paredes de sus casas colapsaban, destruyendo así sus comercios y arruinando completamente su acopio de mercadería.  

Para muchos, especialmente para las mujeres, la única y desesperada alternativa fue la humillación de tener que abandonar la independencia que tanto les había costado conseguir para buscar empleo en otro país, lejos de sus comunidades y de sus familias. Muchas de estas mujeres  ya habían hecho eso en el pasado y realmente se negaban a irse otra vez.  

Para intentar estabilizar la fragilidad de tales circunstancias, la OIM y sus socios internacionales a nivel local invirtieron en una amplia gama de actividades generadoras de ingresos que fueron diseñadas para que las comunidades pudieran levantarse nuevamente desde el punto de vista financiero. 

Ibu Sri Windarti (al centro y con pañoleta naranja) junto a sus vecinas de la aldea de Kebon altamente calificadas, fueron las primeras que recibieron la mencionada asistencia. Doce años más tarde, su cooperativa florece, vendiendo un artículo muy especial llamado batik tulis a diseñadores internacionales, y apoyando de así a docenas de familias a la vez que transmiten todo su conocimiento sobre los patrones que usan y las tinturas naturales a una generación más joven.