Cuando te ves inmerso en la intensidad y emoción de una situación de desastre en directo, es sorprendente con cuánta facilidad puedes actuar como un robot y dejar que el vaivén, los peligros y el gentío se difumen en el paisaje. Oyes el clamor, sientes el calor y percibes los olores, pero todo parece desvanecerse y quedar en un segundo plano, como si lo que ocurriera a tu alrededor fuese una pantalla de cine y tú sólo te concentras en la tarea que tienes en manos, dando lo mejor de ti pero desconectado de la cacofonía reinante.