Para los más de 800.000 Rohingyas en Bangladesh, 2021 marca el cuarto año desde que fueron masivamente desplazados desde Myanmar, antes de lo cual también hubo flujos generados por la discriminación sistemática y la violencia focalizada. Si bien el Gobierno de Bangladesh y la comunidad internacional han podido mantener la provisión de asistencia vital inmediata, las necesidades siguen siendo inmensas y siguen surgiendo complejos desafíos que dan una nueva forma a la naturaleza de la respuesta.

La comunidad humanitaria cambió raudamente el orden de prioridades en 2020 a fin de poder responder al impacto de la COVID-19 sobre los rohingyas que estaban viviendo en los 34 congestionados campamentos de refugiados en el distrito de Cox’s Bazar. Se aumentaron las intervenciones en el ámbito de la COVID-19 y se ajustaron otros servicios humanitarios, de acuerdo con directrices sobre acceso y presencia para la reducción de la propagación de la infección. La Evaluación Conjunta de Necesidades de Sectores Múltiples (J-MSNA) del ISCG (Grupo de Coordinación entre Sectores) de 2020 reveló una disminución en el mantenimiento de los albergues y medios de subsistencia y un deterioro en el ámbito de la protección. Estos desafíos y otros tales como la preparación y respuesta ante ciclones y monzones seguirán en la primera línea de la respuesta en 2021.