Mientras el mundo une fuerzas para combatir la nueva pandemia producida por la enfermedad del coronavirus (COVID-19) no debemos olvidarnos de la enfermedad infecciosa que más gente mata en el mundo, la tuberculosis, y sus devastadoras consecuencias sociales, económicas y sobre la salud de las personas más vulnerables del planeta. 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día más de 4.000 personas mueren a causa de la tuberculosis y cerca de 30.000 contraen esta enfermedad que puede prevenirse y que es curable. 

5 cosas que debe saber sobre los migrantes y la tuberculosis

La tuberculosis afecta de manera desigual a las poblaciones pobres y marginalizadas 

Las condiciones en las cuales algunos migrantes se ven obligados a viajar, trabajar y vivir, por debajo de los patrones aceptables, pueden aumentar su vulnerabilidad o su exposición a la tuberculosis. Los migrantes, con independencia de su condición legal, pueden tener que enfrentar inseguridad alimentaria o malnutrición, o terminar enfrentando barreras sistémicas para acceder a los cuidados de la salud. Otras poblaciones vulnerables pueden ser detenidas en instalaciones llenas de personas o vivir en campamentos en calidad de refugiados o personas desplazadas internamente, sin contar con acceso adecuado a los medicamentos para la tuberculosis o teniendo acceso limitado, lo cual puede llevar al desarrollo de formas de la enfermedad resistentes a los fármacos.  

Todo lo que hemos mencionado son factores de riesgo de la tuberculosis y por consiguiente, la concreción de la Cobertura Universal de Salud, una cobertura que no deje a ningún migrante atrás, resulta crucial para garantizar que la tuberculosis sea erradicada de la vida de todos algún día.  

La estigmatización y la discriminación siguen siendo importantes obstáculos en la lucha contra la tuberculosis en todo el mundo 

Dado que los importantes mensajes sobre salud pública a menudo no llegan hasta las personas más vulnerables de la sociedad, el conocimiento sobre la tuberculosis como enfermedad es relativamente bajo entre migrantes y refugiados: los migrantes con tuberculosis pulmonar y extra pulmonar pueden que no conozcan las señales y síntomas, o el modo de proteger a sus seres queridos para que no se contagien. Quienes pudieron ser informaros y lograron identificar los síntomas – tos persistente, sudoración nocturna y pérdida de peso – pueden ser reacios a la idea de entregar su historia médica a los trabajadores sanitarios, por temor de ser estigmatizados o perder la oportunidad de ser reasentados.  

Para combatir adecuadamente este desafío mundial, es fundamental que los migrantes y los refugiados sean informados en sus propios idiomas acerca de los riesgos de la tuberculosis, y que se sientan lo suficientemente seguros como para pedir ayuda, sin temor de sufrir estigmatización, arresto o deportación. 

Los servicios para la detección y el manejo de la tuberculosis son brindados a refugiados y migrantes a solicitud de los gobiernos de los países receptores 

En el contexto de la migración, la detección y el control de la tuberculosis siguen siendo una importante preocupación en el ámbito de la salud pública, tanto para países de origen como de destino, y también para los migrantes y sus familias. La OIM contribuye con la detección y el control de la tuberculosis transfronteriza mediante la provisión de una amplia variedad de servicios para la enfermedad, desde el diagnóstico hasta el tratamiento, y también medidas de salud pública como el seguimiento de contactos y la educación sanitaria. Estos servicios son brindados por medio de más de 65 Centros de Evaluación de la Salud Migratoria de la OIM (MHAC por su sigla en inglés) en todo el mundo, la mayor parte de los cuales se encuentran en países con una carga de tuberculosis de nivel intermedio a alto. 

En 2019, la OIM diagnosticó con tuberculosis a aproximadamente 600 personas por medio de sus actividades sanitarias previas a la migración 

En 2019 la OIM realizó aproximadamente 428.000 evaluaciones de la salud de migrantes y refugiados en todo el mundo y detectó 590 casos de tuberculosis, o sea 138 casos por cada 100.000 evaluaciones de la salud migratoria (datos de marzo de 2020). Los casos activos de tuberculosis se confirmaron por cultivo del esputo o por medio de un diagnóstico basado en conclusiones clínicas o radiológicas. En 2019, 16 laboratorios de la OIM brindaron servicios de diagnóstico de la tuberculosis y se realizaron unas 13.000 pruebas microbiológicas. El tratamiento para casos activos de tuberculosis detectados por medio de los programas de evaluación de la salud de la OIM es brindado directamente por la OIM o por medio de un sistema de derivación, en sociedad con los programas nacionales de tuberculosis (NTPs por su sigla en inglés). 

Cada año la OIM acompaña a cientos de migrantes a lo largo de su tratamiento 

El tratamiento contra la tuberculosis requiere de disciplina y perseverancia: en el mejor de los casos, el paciente tiene que tomar solamente una píldora por día durante seis meses; en el peor de los casos, el tratamiento involucra un cóctel de píldoras que deben tomarse de preferencia con el estómago vacío, cada día, durante un período de 6 a 12 meses. Náuseas, mareo, dolores, fatiga…los efectos colaterales pueden ser intensos y adherir a los requerimientos es a menudo un desafío, en especial si no se cuenta con un sistema de apoyo social o por cuestiones de salud mental.  

El tratamiento de observación directa (DOT por su sigla en inglés) es la estrategia que se recomienda internacionalmente para el control de la tuberculosis y es usada por los MHAC de la OIM en donde sea posible para aumentar la adherencia de los pacientes y de tal modo poder completar el tratamiento. En el MHAC de la OIM en Nairobi, Kenya, por ejemplo, el éxito del DOT usado por la OIM para la tuberculosis se calcula en un porcentaje del 96%. 

La tuberculosis puede prevenirse. Es tratable. Es hora de poner un punto final a la misma mediante la inclusión de los migrantes en nuestros esfuerzos para combatirla.