El paludismo sigue siendo una preocupación del ámbito de la salud pública mundial que constituye un obstáculo al desarrollo de muchos países a pesar de que logre un progreso significativo en la reducción de los casos y de las muertes. La movilidad humana y la migración se presentan como desafíos de envergadura para la eliminación  y el control del paludismo. En el mundo globalizado de hoy, una cifra sin precedentes de personas están desplazándose por caminos multi-direccionales, estacionales o circulares, dentro de las fronteras y entre ellas.  Entre los varios factores pueden mencionarse las mejores oportunidades, urbanizaciones rápidas, proliferación de megalópolis, y desplazamiento forzoso originado en conflictos armados y desastres naturales inducidos por el cambio climático, entre otros. De acuerdo con reportes actuales, hay unos 232 millones de migrantes internacionales y 740 millones de migrantes internos, y un 50% de ellos son mujeres pertenecientes a la franja etaria reproductiva.  

El movimiento de personas desde zonas de alta transmisión puede derivar en la importación de casos y en una potencial re-introducción del paludismo a zonas de baja transmisión o que habían sido declaradas libres de tal enfermedad. Los migrantes y las poblaciones móviles, transfronterizas y de personas internamente desplazadas (IDPs por su sigla en inglés) son grupos vulnerables claves que pueden verse afectados por el paludismo porque no tienen acceso (o su acceso es limitado) a los métodos de prevención culturalmente adquiridos y sensibles al género, a tratamiento y continuo de apoyo para el cuidado de la salud en los puntos de origen,  viaje y tránsito, y destino, además del momento del retorno a sus hogares.  

Los esfuerzos colectivos del sector sanitario como del sector no sanitario como por ejemplo el área de transporte, educación, servicios sociales, migración, el sector privado, son cruciales para lograr reducir la carga mundial de la enfermedad del paludismo. Las intervenciones claves en la lucha contra el paludismo deben tender al fortalecimiento del monitoreo de la salud de los migrantes y a la recopilación de datos desagregados sobre el paludismo y los movimientos poblacionales, a apoyar e implementar enfoques programáticos y de defensa basados en evidencias para así poder mejorar los sistemas sanitarios nacionales y regionales inclusivos y abordar los niveles variables de las conductas para procurar cuidados de la salud, incluyendo los riesgos de exposición a drogas de mala calidad que pueden llevar a la aparición de una resistencia a los medicamentos. Es asimismo necesario involucrar activamente a estas comunidades para reforzar una movilización de recursos y el desarrollo de políticas que incluya a varios sectores y a los migrantes. 

La Estrategia Técnica Mundial de la OMS para el Paludismo 2016-2030, adoptada en mayo de 2015 brinda un marco integral para que los países puedan desarrollar programas a medida para acelerar la eliminación del paludismo por medio de los tres pilares y los dos elementos de apoyo. La estrategia está alineada con la Resolución de la Asamblea Mundial de la Salud 2008 sobre Salud de los Migrantes la cual convocó a los gobiernos y actores claves a, entre otras cosas, “promover el acceso igualitario a la promoción de la salud y el cuidado de los migrantes”, y “promover la cooperación bilateral y multilateral sobre la salud de los migrantes entre las comunidades involucradas en la totalidad del proceso de migración”, como lo hace también la Acción y la Inversión para Derrotar al Paludismo (AIM) 2016-2030 de la Alianza RBM para poner fin a la malaria desde su aprobación en mayo de 2015.